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miércoles, 7 de agosto de 2013

HUYE!


Excelente artículo de Risto Mejide, sobre la situación en España...


Huye. Vete. Tan lejos como puedas. Corre y no pares hasta donde te permita tu bolsillo, tu memoria y las fuerzas que puedas aparentar. El destino en realidad importa menos de lo que piensas. Estarás saliendo de un país que se está cargando el suyo. Así que cualquier destino será mejor que uno que ha dejado de existir.

Espera, no sé si me estoy explicando bien. Estoy diciendo que te largues. De vacaciones, de trabajo o por simple curiosidad, da igual. Y te lo estoy diciendo por tu bien. Ellos no se piensan largar, ya lo intenté e inexplicablemente no me han hecho ni caso. En fin, que no luches. Que eso es justo lo que quieren: que protestes, para poder llamarte demagogo, anticonstitucional o, directamente, ignorante. Vamos, que si luchas aquí te acabarás quedando solo. O peor, acompañado por un representante del pueblo, un mitin, unos cuantos chanchullos y un programa electoral.

Este país no está en crisis. Está en coma. Un coma de esos irreversibles en los que hay que decidir si esperar a que ocurra algún milagro o directamente desenchufar. Ojalá ocurra lo primero, o lo segundo, da igual, mira, al menos nos estaría pasando algo.

Aquí, a base de transfusiones contaminadas y putrefactas, unos cuantos listillos se han ido cargando la sangre que mantiene viva y oxigenada a cualquier sociedad: la confianza. Nuestra confianza. Tu confianza. Y ahora que no quedan apenas fuerzas ni para levantarnos, ahora descubrimos que un tipo que está en la cárcel es el único que está dispuesto a contarnos la verdad. Ah, y además lo hace por venganza, no te vayas a pensar que lo hace por un repentino ataque de honestidad. Te estoy hablando del hombre del momento -si el PP no se atreve a pronunciar su nombre, yo tampoco, no vaya a ser una superstición chunga de la que no me he enterado- todo un héroe dentro de la cárcel de Soto del Real.

Tampoco mires hacia cualquier otro lado, ni izquierda, ni derecha, ni arriba, ni abajo, porque sólo destaparás más espabilados, mamones pestilentes y corruptos que comparecen, sobreactúan, se tapan unos a otros, se imputan y se desimputan y acaban exculpados, prescritos y diluidos en la más insolente nada o peor aún, indultados por cualquier amiguete a pie de página de la actualidad.

Y mientras, eso sí, les seguimos haciendo cosquillas con manifestaciones callejeras que por no salir, no salen ni en los informativos locales, porque han dejado de preocupar a quienes tendrían que preocupar. Cuando deberíamos estar cada fin de semana en la portada del The New York Times. Pero eso sí que no, no vayamos a hacerle daño a la Marca España, que luego sube la prima de riesgo, con lo controladita que ahora la tenemos, ¿verdad? Ay mira, la intención de voto «se ha desplomado» unas décimas, «reconfigurando» el panorama electoral. Pero qué panorama ni panorama. Aquí la única Marca España realmente eficaz es la que imprime la silla de un cargo en el culo del que la ocupa. Esa sí que es para toda la vida. Lo demás, esta inacción, este sometimiento, este borreguismo nos hace cómplices del mamoneo que tanto criticamos. Y ya no te digo si encima les pensamos volver a votar.

Así que huye. Vete. Cuando se acaba la confianza, huir ya no es de cobardes. Huir pasa a ser cosa de valientes. De basta ya. De ahí te quedas. De se acabó. Lo que es de cobardes es quedarse para callar. Quedarse para aguantar lo que estamos aguantando. Quedarse para otorgar. Porque aquí, el que calla ya puede ir abriendo bien la boca.

Huye. Sal aún que puedes. De verdad. Planifica bien tu salida, pero hazlo ya. Y no te preocupes del nombre o la explicación que le das a la huida, pues ya no dependerá de tus intenciones, sino de tu situación laboral.

Si todavía tienes trabajo, disfruta de tus mal llamadas vacaciones. Como si algún puesto de trabajo pudiese aún disfrutar de un estado vacante con total tranquilidad. No sé si las necesitas, pero lo que sí estoy seguro es que te las has ganado. Aunque sólo sea por ser capaz de conservar algo tan preciado. Cuando no tengas más remedio, vuelve. Pero no esperes que haya mejorado en algo la situación.

Si estás estudiando, alguien dirá que es una fuga de cerebros. No te preocupes, el Rey acaba de darnos permiso. Tienes su bendición, esa que tanto esperabas. Además, comprobarás en propia piel la ley de gravitación universal de Newton: la gravedad de las ocurrencias del ministro Wert te parecerá inversamente proporcional a los kilómetros que pongas de por medio. Vamos, que a medida que te alejes ganarás en felicidad.

Y por último, si ni estudias ni trabajas, llámalo éxodo, llámalo lucidez mental. Automáticamente dejarás de ser un ni-ni y pasarás a ser un emigrante, palabra mucho más digna y con más futuro, para qué nos vamos a engañar.

Tú huye que aún puedes.

Yo si eso me quedo, que así tocamos a más.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Instrucciones para dar un abrazo


“Cualquiera puede estrecharte entre sus brazos. No hay que ser muy listo, ni muy fuerte, ni muy sabio, ni muy nada. Alguien va, abre sus brazos de par en par y te envuelve de carne y huesos. Y qué. El pavo relleno hace lo mismo y conozco a poca gente ansiosa por meterse dentro.
Desde que encima hay desconocidos que los dan gratis por la calle, el valor del abrazo ha caído en picado. Y la verdad que no me extraña. Puede que algunos abrazos no cuesten dinero, pero lo que sí tienen en común todos los abrazos mal dados es que siempre, a la no tan larga, salen muy caros.
Quizá por eso ninguno de los intentos que he podido leer por ahí, tratando de descifrar la aparentemente sencilla liturgia del acto de abrazarse, me ha ayudado demasiado. Quizás por ello vaya a ser yo el próximo en naufragar.
El abrazo viene a ser a las relaciones humanas lo que el cargador al teléfono móvil. Mejor que nunca te lo dejes en casa, no sea que lo acabes suplicando a las 3 de la mañana ante cualquier recepción de hotel.
Para dar un abrazo en condiciones, en primer lugar, hay que haberlo extrañado mucho, hay que haberlo extrañado bien. Los que no tuvieron tiempo de despedirse saben perfectamente de lo que estoy hablando. Los que nunca se atrevieron a pedirlo, también.
Su significado es siempre el mismo, bajo cualquier circunstancia, en cualquier país, de cualquier lengua, credo o tradición, y parte de la segunda condición fundamental para dar uno como dios manda. Necesitas lo que significa. Y significa, en esencia, que no estás solo.
A partir de aquí, los requisitos se van complicando. Y es que todo depende de tener algo muy fuerte en común. Algo que, de pronto y sin haberlo previsto, sintáis los dos con la misma intensidad. Se trata de un momento, de un solo instante. El tiempo justo para que ese algo tan real y tan verídico no pueda dibujarse con palabras.
No sé si me explico. Pero si eso ocurre, todo cambia. Desde ese momento, abrazarse ya es otra cosa. Estáis atrapando verdades. Una cacería de instantes. Un compresor de realidad. Enzarzarse en las ganas del otro y apretar hasta que se extingan.
Me fascinan los abrazos bien dados. Creo que resultan aún más memorables que cualquier palabra, gesto o relación. La única forma física conocida que tiene el ser humano de parar el tiempo. El único punto y seguido entre todo lo que se puede llegar a sentir.
No sé muy bien por qué hoy me ha dado por hablar de esto. Supongo que porque creo que andamos muy faltos de abrazos reales. O quizás porque a más de uno, hoy le vendría muy bien.
El caso es que, lamentablemente, a los abrazos les pasa como a los besos, las caricias, los matrimonios, o las patadas en los huevos.
Si no los consumas a tiempo, acaban todos caducando.”

R. Mejide

sábado, 3 de noviembre de 2012

Reflexión


"La había querido todo lo posible en este mundo, la había amado todo lo amable en esta vida, la había adorado todo lo que se puede adorar y, sin embargo, ahora todo eso quedaba en ninguna parte, para ningún a quién. Porque amar en silencio no sirve de nada. Porque quién ama en secreto, muere en soledad. "Mal momento para aprender una gran lección", pensó. ¿Y cómo sabía que era una gran lección?. Porque las grandes lecciones son las que llegan en los peores momentos."

-Risto Mejide. Que la muerte te acompañe.-


Esta demostrado, solo aprendemos tras haber cometido un gravisimo error que estampe nuestras expectativas contra el cristal de la realidad. Si hay algo que está claro es que aquí funcionamos a base de ensayo y error, la voz de la experiencia es ignorada por nuestros cuerpos sedientos de adrenalina y ganas de demostrarle al mundo que somos especiales. Desgraciadamente, nos damos de bruces contra eso que llaman destino. Las posibilidades de éxito son inversamente proporcionales a las ganas que tengamos de ganar. Vivimos coleccionando fracasos, sentimentales y profesionales, y buscando obtener tantos éxitos como abarquen nuestros brazos. Y el amor, el amor es fuego, es quemarse y consumirse y desafortunadamente no dura para siempre. Por eso es peligroso querer mucho y sin control, porque avivar demasiado la llama, puede quemarte antes, más y peor. Vete haciéndote a la idea poco y ve planeando ese futuro incierto, o disfruta de cada calada de este cigarro al que llamamos vida, saborea ese humo llamado amor, que el olor amargo que tendrás después , solo lo quita el tiempo, ni chicles, ni colonias, ni perfumes...

jueves, 29 de marzo de 2012

El riesgo...


Parece que hay una epidemia de miedo en el mundo... Otra oleada más de acojone y mediocridad. Es como si las autoridades nos recomienden que nos aprovisionemos de prejuicios y estereotipos en conserva,  de esos que duran generaciones, que cerremos bien las mentes, ventanas y fronteras, y sobre todo que no veamos más allá de nuestras narices.
El origen de tal cosa, es una pésima alimentación del espíritu, provocado por la mutación del gen católico, responsable de una inclinación natural a creer en el sacrificio y el dolor individual como paso previo a una felicidad que nunca llega.  Al mismo tiempo, y aunque parezca paradójico, ese gen es también el principal causante del cáncer de conciencia y de culpa, dos de las peores plagas que en los últimos siglos han diezmado la capacidad de felicidad en este mundo.
  Los primeros síntomas suelen presentarse con grandes accesos de egoísmo. "Bastante tengo con lo mío" y "Aquí que cada palo aguante su vela" son verdades habituales en este tipo de enfermos, que no hacen más que poner en evidencia su tristeza y contradicción.  A partir de ahi la enfermedad degenera en una incapacidad total de empatía, ataques de sensibilidad, estrechez mental y una aversión a lo desconocido cada vez mas fuerte.  Los pacientes en avanzado estado de intoxicación pretenderán hacernos creer que todos los inmigrantes son pillos, chulos, y maleantes que vienen a robarnos nuestra casa, violar a nuestras mujeres y llevarse el pan de nuestros hijos.
Inmediatamente después en la mayoría de casos se podrán apreciar los primeros síntomas de posturas xenófobas, e intolerantes disfrazadas de proteccionistas, acompañadas, eso si, de aportaciones de dinero a ONGs y apadrinamientos pasivos de niños pobres, unida a la exaltación de una propiedad cada vez más privada, mía, mía y de nadie más que mía.
Por que no nos atrevemos a relativizar nuestros problemas, rompiendo el círculo ciego entre nuestros miedos y nuestros prejuicios?  Salir a la calle conscientes de que la virtud está en el punto medio e intentar mezclarse física e intelectualmente con el otro, venga de donde venga, tenga el color de piel que tenga, que igual y se le ocurre tener la sangre del mismo color que el nuestro.  Pensar que, como dijo el poeta, en lo puro no hay futuro, y dejarse de tonterías para acoger con los brazos abiertos a todo el que venga con buena voluntad y sin ganas de joder a nadie.
Algunos dirán que es un mal necesario propio de ciudades que se hacen mayores como Nueva York, que fue lo que fue, e hizo lo que hizo en el siglo XX gracias a las oleadas de sangre fresca, durante los dos siglos anteriores.  Otros creen que atenta con la identidad nacional, o lo que coño signifique eso.
Pero lo cierto es que hoy he salido a pasear por el centro de Madrid y ha sido como si estuviese caminando por cualquier ciudad latina.
Y si, me he sentido como en casa.
R. Mejide

viernes, 24 de febrero de 2012

Prólogo



Lo poco que sé de la vida está en los libros que nunca leo.
Lo poco que sé de la vida está en las líneas que no escribí.
Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando un café, se entiende tomando una copa, y se olvida tomando dos.
Que nadie se emocione ni albergue falsas esperanzas, porque con lo poco que sé de la vida, a duras penas se llena un corazón, por pequeño que sea.
Si, va por ti, empiezo por lo que sé con toda seguridad.
Sé que con suerte te vas a morir una vez.
Así que procura no morirte más veces por el camino.
No hay nada peor que esa gente que se va muriendo antes de morirse del todo.
Para hacerlo, te regalo un método infalible: mientras tú vayas decidiendo, todo está bien.
El día que dejes de decidir, ese día, cuidado, porque la habrás palmado un poco.
Ten siempre más proyectos que recuerdos, es la única forma que conozco de mantenerse joven.
Olvídate de la patraña esa de ser feliz, ya te puedes ir dando con un canto en los dientes, si llegas a ser el dueño de tus propias expectativas.
Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar.
Por mucho que te cueste pagar las facturas, por mucho que en las reuniones de antiguos amigos te miren mal.
Es mejor dedicarse toda una vida a algo que te divierte, pese a no llegar a fin de mes, que pasarte un solo dia trabajando unicamente por dinero.
Entre lo poco que sé de la vida, también te diré, que nada de esto vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente.
Ni flores, ni velas, ni la luz de la luna.
Ese es el verdadero romanticismo.
Alguien que llegue y te empuje a hacer cosas de las que jamás te creiste capaz, y que arrase de un plumazo con tus principios, tu valores, tus yo nunca, tus yo que va.
Ojalá ames mucho y muy bueno, incluso a riesgo de ser correspondido.
Que te despojen de todo, que hagan jirones de tus ganas y que te veas obligado a remendarlas con el hilo de otra ilusión.
Que desees y seas deseado, que se frustren todas tus esperanzas y que acabes descubriendo que la única forma de recobrar el primer amor, que es el propio, es en brazos ajenos.
Dos emociones inútiles asociadas al pasado: arrepentimiento y culpa. y una emoción inútil asociada al futuro: la preocupación.
Cuánto antes te desprendas de las tres, antes empezarás a apreciar lo único que tienes.
Qué más, ah si, sé que al menos un amigo te va a traicionar, otro será traicionado por ti, y que te pongas como te pongas, los que no hayas hecho antes de los 30, jamás pasarán de ser buenos conocidos.
Cuenta solo con los tres principales, porque a partir de ahí, todo es mentira.
Para terminar, y hablando del tema, déjame que te presente a tu mejor enemigo, se llama MIEDO. Quédate con su cara. porque estará jodiéndote toda la vida.
Miedo al fracaso, miedo al qué dirán, miedo a perder lo que tienes, miedo a conseguirlo, miedo a saber muy poco de la vida, miedo a tener razón...

Ext. del libro El sentimiento negativo

sábado, 4 de febrero de 2012

99 maneras de quererse bien


Para llegar a quererse bien, hay que haberse querido mucho. Y de muchos modos distintos también. Todos hemos mendigado cariño alguna vez, preguntando si nos querían e incluso cuanto nos querían...
Pero rara vez nos planteamos qué tal se nos quiere. Qué tal se nos deja. Cómo se nos recuerda. Qué tal se nos olvidó. Como ya advirtió la gran Chavela, con los años uno aprende demasiadas cosas, no nos vayamos a engañar.

A lo sumo, que amarse es un deporte de riesgo que admite todo tipo de disciplinas, a cada cual más jodida y peligrosa. Por cada forma que existe de quererse bien, hay 99 maneras de quererse de mal en peor.

Se puede querer con el corazón entornado, típico de amores convalecientes. Estos también se dan poco a poco, pero no porque pretendan obtener nada a cambio, sino porque saben que es fundamental haberse lamido las heridas antes de volver a exponerse a toda piel. Si rehabilitación y paciencia hacen bien su trabajo, en este caso todo acaba siendo cuestión de mucho tiempo.
Por ahí muy cerca, andan los amores divos, los más propios que existen, esos que se quieren mucho a sí mismos a través de los demás. Narcisos vueltos cardos que se deben unicamente a su público, alguien al que dar forma a su imagen y semejanza, para multiplicar el placer que de forma natural se darían con esas manitas, mientras utilizan tus más sinceras emociones como simple amplificador. Y a partir de ahí, decenas de despropósitos que, cogiditos de la mano, inundan los paseos dominicales de toda ciudad.
Amores taxidermistas, que matan, ahogan y disecan todo aquello por lo que un día se enamoraron de ti. Amores carceleros, que pretenden que, además, jamás vuelvas a ver la luz del sol.
Amores placebo que intentan hacerte creer que sin ellos estarías mucho peor.
Amores demócratas, que solo parecen triunfar donde los demás la cagan.
Amores perros, como ese Iñárritu, incapaces de superarse a si mismos.
Amores taja, que sirven mientras ayuden a olvidar.
Amores puente, que solo te preparan para la siguiente relación.
Amores escaparate, que varían según tendencia y temporada.
Amores alfombra, que ocultan aún más mierda de la que se ve.
Amores cómoda, orgasmos fingidos a partir del tercer cajón.
Amores de primera, siempre con segundas.
Amores en oferta, solo hasta fin de mes. Quererse mal y pronto. Quererse tanto por tan poco. Quererse mucho sin ser feliz. Qué coño, quererse al fin y al cabo!
Risto Mejide